En la carrera de la mejora de los algoritmos, necesitamos aún mejores pilotos.
La trampa de la "Epistemia" y el espejismo del juicio
Como directivos, en este momento y siempre, hemos de liderar, hemos de estar atentos, hemos de valorar y evaluar oportunidades, pero también riesgos. Nuestra sociedad, nuestro momento, corre el riesgo de entrar en un estado de epistemia: una condición estructural donde la plausibilidad lingüística (lo aparentemente correcto de sus respuestas, por la correcta redacción y “sentido”) de una IA corre el riesgo (y aquí la decisión es nuestra, de las personas) de convertirse en un sustituto del juicio real.
Los modelos de inteligencia artificial generan respuestas basadas en probabilidad, estadística y correlación. Son espejos de datos, coherentes y persuasivos, que sin embargo, pueden estar más o menos carentes de vínculo con el conjunto de ética, valores, sensibilidad, significado, contexto, causalidad… de “metaconocimiento” que genera el juicio derivado de la experiencia humana.
Aunque la IA produzca en ocasiones resultados indistinguibles de los juicios humanos, su mecanismo generativo no es una forma de juicio. Es una simulación de la potencia de procesamiento y correlación, sin las restricciones de la responsabilidad.
Nos puede ayudar entrar en un poco más de detalle en los elementos que hemos enumerado como constitutivos del juicio intrínsecamente humano. El juicio no es solo procesar información y emitir una valoración, sino un bucle epistémico que solo nosotros habitamos, compuesto por siete “saltos” que un modelo de lenguaje no puede dar:
Causalidad: Entender el "porqué" real, no solo la correlación.
Contexto: Leer lo que no está escrito.
Experiencia: El conocimiento que solo se adquiere con la vivencia real de situaciones.
Valores: La brújula ética que no entiende de probabilidades.
Motivación: El propósito que impulsa la acción.
Metacognición: La capacidad de dudar de nuestro propio pensamiento.
Arraigo: El compromiso con un mundo físico y real, a diferencia y en contraste de lo virtual.
Nuestro dominio de estos 7 elementos nos habilita para estar atentos y trazar la línea roja, o al menos “criticar” (enjuiciar, complementar, validar o reemplazar) constructivamente cualquier información o conclusión proporcionada por un modelo LLM. La IA puede asistir y acelerar la toma de decisiones, pero no debe reemplazar el juicio humano.
Eficiencia vs. Esencia: La nueva cocina de autor
La aparición del fast food no ha eliminado la validez de la cocina casera, y menos aún la cocina de autor y el delicatessen. La fabricación en masa le ha dado mayor sentido a la serie limitada y la elaboración de artesanía. Con la IA ocurrirá lo mismo: ella será la encargada de la escalabilidad y la eficiencia, mientras que nosotros nos reservaremos la esencia.
La IA es una herramienta, un motor de altísimo rendimiento. Pero un vehículo con un enorme motor sin piloto, sólo genera un ruido ensordecedor. En The Game Changers Lab, creemos que liderar hoy consiste en no dudar en activar la potencia del algoritmo para beneficio de las personas y la sociedad, pero conduciéndolo de modo que no impida escuchar el latido de la organización, una vez mas la esencia.
El gobierno de las personas, para las personas
Tenemos un gran aliado y una enorme fuente de progreso humano, social en la IA. El procesamiento de imágenes para diagnóstico médico (velocidad y correlación…) es, entre otros uno de los mejores ejemplos. Así, analizar billones de datos en segundos, detectar patrones invisibles u optimizar flujos son claros avances que tenemos que agradecer a la IA.
Por tanto, no estamos ante una competición, sino ante una complementariedad estratégica.
Dentro de esa complementariedad, el gobierno de los resultados y la toma de decisiones deben ser netamente humanas. Pilotar la IA o el Data Science requiere una facultad que no reside en el silicio: la capacidad de otorgar significado.
En este nuevo ciclo, como líderes, como directivos, debemos hacer (y sobre todo hacernos) las preguntas correctas. Permitidme creer que preguntar a un CXO "¿crees que la IA puede tener valor presente y futuro para tu organización?", no es una de estas preguntas correctas… sino más bien "¿qué habilidades, que conocimiento, que perfiles y que cultura y liderazgo puede conducir este torrente de valor para tener SIGNIFICADO y ser sostenible con las personas?". Elegir entre eficiencia y esencia, o decidir y dirigir como combinar ambas en mejor beneficio de nuestra sociedad, es uno de los privilegios de nuestra especie.
Liderazgo. Es el momento de que mantengamos el control. Es el momento de seguir siendo los pilotos. Bienvenidos al siglo donde, por fin, ser humano es la mayor ventaja competitiva.
Notas – bibliografía:
Epistemological Fault Lines Between Human and Artificial Intelligence (December 22, 2025)
Autores: Walter Quattrociocchi, Valerio Capraro and Matjaz Perc
Accesible en: https://osf.io/preprints/psyarxiv/c5gh8_v1
La historia de la humanidad es una crónica de complementariedad y elección. Cuando la imprenta de Gutenberg inundó Europa, no mató la caligrafía, la liberó; la dotó de una nueva dimensión emocional. Siglos después, seguimos valorando una dedicatoria escrita a mano en el margen de un libro o una nota personal que acompaña a un regalo. Valoramos el trazo humano porque, en un mar de copias perfectas, la imperfección deliberada y el esfuerzo personal son los únicos que transmiten esencia. ¿Por qué? Porque la eficiencia de la máquina resalta, por puro contraste, el valor de lo artesanal.
Estamos entrando en lo que en The Game Changers Lab denominamos “El año de la Luz”, y en esta reflexión me gustaría encuadrarlo en "El Siglo de las Personas". Un tiempo donde la tecnología no es el destino, sino la palanca para elevar lo que nos hace irrepetibles. Irónicamente, en un momento de apogeo de la Inteligencia Artificial, lo que cotiza al alza no es el código, sino la vibración de persona a persona.